Ximena Boza es VerdeAqua

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La gente dice que este viaje me puede cambiar la vida y mientras eso pasa, yo escribo sobre algunas personas que de una forma u otra ya me enseñaron algo. Me enamoré. Esta fue sólo la primera vez de muchas. Soy curioso, terco y sumamente enamoradizo. Y no, no vivo en las nubes. Prefiero estar despierto cumpliendo sueños que dormido y soñando. La primera persona por la que me desvelé se vestía de mar y pulseras.

Ximena Boza fue mi primera vez en muchas experiencias. Primera vez que salté de paracaídas. Primera vez que me sentí parte de otra familia. Y muchas miles de primeras veces más. Pero lo que más me llamó la atención fue la atención, por redundante que suene. Regresar a mi casa super tarde después de ver películas con ella, comer pasta con vegetales o jugar billar en algún bar. Siempre terminaba todo con una sonrisa y un mensaje de texto en mi celular: "avísame cuando llegues a la casa". Esa frase me cambió la vida. En serio.

Puede sonar bobo o sólo parecer un detalle, pero para mí la magia esta en los detalles. Como mis papas siempre confiaron en mi y no tengo familia extensa en Panamá, nadie sintió tanta preocupación y esto lo digo de la mejor forma posible.

¿Saben lo bonito que es saber que otra persona te quiere tanto que cede cada uno de sus pensamientos y preocupaciones para dedicártelos?

Aprendí muchísimas cosas con ella. Pero hubo otras que más que aprenderlas, las entendí. Esta vez no era espectador de una relación que admirar, sino que fui protagonista. Jugábamos que no nos conocíamos cada vez que entrábamos en un bar o hacíamos algo nuevo. Actuábamos para trabajar la creatividad o vete a saber tú cual era el motivo. De lo que si estoy seguro es que no lo hacíamos por romper la rutina. Esa palabra jamás toco nuestra relación. Cada vez que nos veíamos era como si nos volviéramos a conocer por primera vez. Una y otra vez.

Terminamos hace un par de años, pero eso no tiene nada de malo. Todo lo bueno se termina como los helados, los chocolates y cualquier tipo de postres que a ella le encantara.

Hay tres cosas que nunca le dije y éste me pareció un buen momento.

Un día le di tres regalos: el color verde porque no había verde-aqua, un chocolate que debió haber sido otro y dos rosas. Ese día aprendí algo que antes no entendía. A veces los regalos son más de quien los da que de quien los recibe.

Me quiero olvidar de la vez que me regresé solo al aeropuerto.

Aprendí que muchas palabras no tienen como única definición la que aparece en el diccionario y que cuando uno está en una relación, no sólo se vale, sino que es necesario asegurarse de que varias palabras tengan el mismo significado para ambos.

Gracias, en verdad, haces que el mar me traiga buenos recuerdos y que el verde-aqua sea mas que un color. Es un millón de emociones.

Aclaro sin tener que hacerlo. Escribo por que quiero y porque lo siento. No hay ni pizcas de remordimiento ni espacio para vibras negativas. Estoy contento de que en algunos momentos existimos. Y si este viaje me ha enseñado algo ha sido que la vida es como las subidas y bajadas. Así que a subir con fuerza y saber que lo mejor está por venir… Y a bajar con manos abiertas, sonrisa al viento y disfrutando de los mejores momentos.

Gracias subidas y bajadas de Panamá, están haciendo más de lo que deberían.