Comencé una tienda de "Graffiti." Pero no la terminé.

Screen-Shot-2015-11-09-at-12.58.11-AM.png

Creo que todo el mundo en Panamá conoce al artista Insano. Y si no eres de Panamá, probablemente estás a punto de conocerlo. Yo lo conocí hace varios años y honestamente me cae muy bien. Lo conocí en su estudio de arte cuando yo trabajaba en Red Bull apoyando eventos culturales.  

Él es un artista innato y, además de eso, estudiado. Él no tenía por qué saber de números ya que su tiempo se lo había dedicado a los colores. Yo, por otro lado, fui mucho más aburrido y me dediqué a los números. Me di cuenta, pues, que quería aprender mucho de insano y que además, podíamos hacer un buen equipo. El tiempo pasó y ambos nos fuimos dando cuenta del buen equipo. Éramos ganar-ganar. Y un día, la ambición se mezcló con la cerveza y la pintura. Así surgió CINIC: una empresa especializada en suplir las necesidades de todo artista urbano.

 

De esta manera fue como cumplimos nuestro sueño. Él se encargaba de elegir la pintura y yo de ver como la traíamos a Panamá. Él se encargaba de hablar con los artistas, yo de organizar la apertura de la tienda. Éramos balance. Él iba a seguir haciendo lo que le gustaba, pero con más colores y yo iba a involucrarme muchísimo en ese mundo que tanto me llamaba la atención. La experiencia fue increíble y a día de hoy sigo viendo a Insano como un muy buen amigo. Pero mi titulo cambió, y de ser fundador de CINIC, pasé a ser simplemente un emprendedor más con una buena historia que contar.

 

Separarme de mi amigo fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Tuve que retirar la mitad de inventario que habíamos pedido. Esto dejaba a Insano con pintura y una cuenta de luz por pagar. Y a mi, solo en mi habitación con más de 500 colores diferentes. Cuando me di cuenta de la situación en la que me encontraba, mi mente se puso en blanco por mucho tiempo… Hasta que llegó un poema que me encanta que dice que cuando hay problemas, la solución está en hacer buen arte. Así que me fui a la universidad buscando formas de hacer buen arte y salir de esta situación en la que me encontraba. Por fuera todo era colorido, pero por dentro mi inversión y yo estábamos de color negro.

 

Estuve una semana entera por la universidad sin encontrar la inspiración ni la respuesta. Buscaba arte en las paredes y sólo era capaz de verlas blancas. Cuando me di cuenta de que no me estaba inspirando, fue que llegó la respuesta. Probablemente si las paredes estaban tan planas y yo tan cerrado en pensamientos, muchos otros estudiantes estaban igual. Es decir, buscando respuestas a sus preguntas y no encontrando una forma diferente de pensar. Así que me propuse cambiar esto con toda la pintura que tenía y todos los artistas con los que habíamos contactado para el lanzamiento de CINIC. Yo iba a pintar esta universidad. O al menos encontrar la forma de que eso pasara.

 

Ya tenía la idea, sólo me faltaba encontrar la forma de hacerla realidad. Busqué en Internet y pregunté en que países se estaban pintando las universidades y como la gente habían convencido a los directores de que valía la pena hacerlo. Fue cuestión de tiempo y de preparación en este tema para que surgiera la oportunidad. El haberme informado al máximo me permitía aprovechar la más mínima posibilidad para poder pintar la universidad. Además se lo había comentado a todo el mundo. Si yo no sabía como podía lograrlo, tal vez alguno de mis amigos descubriría cómo. Le había dicho a todo el mundo porque valía la pena hacerlo. Y llegó el día esperado. Una de las chicas que trabajaba en la universidad me dijo: “Andrés, pasó una locura. Uno de los tres directivos de la universidad escuchó tus ideas y te van a dar 15 minutos de su hora de almuerzo para que expliques el por qué vale la pena.”

 

Recuerdo que esa fue la presentación que más nervioso he hecho en toda mi vida. No sólo porque estaba con las tres personas más importantes de la universidad, sino porque su bienvenida fue algo así como: “Andrés, sólo tienes cinco minutos porque me tengo que ir a una reunión y esto de pintar las paredes a mi no me interesa tanto.” Fue gracias a toda la información que recopilé y también a mi locura de involucrarme en este reto sin dejarme llevar por el miedo que logré hacer que las cosas cambiaran. De estar triste con una inversión y con una habitación llena de pinturas estancadas y sin espacio para caminar ni siquiera, pasé a una sonrisa permanente al recibir retorno de mi inversión y muchos colores en mi entorno. Pero lo que más ilusión me hizo fue que dejé una huella o más bien, como yo lo veo, esto fue un regalo para que todos los jóvenes que vean esa pared y pasen por la USMA se inspiren y sepan que lo que hoy piensan que es un reto o un problema, mañana puede ser una colorida solución.

 

[embed]https://instagram.com/p/QvzPZKFvYr/?taken-by=andrespineiroc[/embed]

 

Aparte que con cuatro grafiteros más, pintamos la facultad de derecho de una de las mejores universidades de Panamá. Bonita moraleja.

 Gracias metáforas, tonalidades, sueños y realidad. Hay que ver blanco y negro para valorar la variedad de colores.