Las favelas brasileñas - Parte 2º

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Inicio de mi voluntariado en Brasil. Acababa de aterrizar el avión y llamé a mi único contacto en Brasil. Como no me contestó, llegaron muchas ideas a mi cabeza. Así que decidí hacer una lista. Normalmente no suelo hacerlas, pero estaba tan asustado que me parecía lógico poner esos pensamientos en papel en vez de que las malas vibras se quedaran en mi mente.

Motivos por los que estoy haciendo este voluntariado:

  • Quiero una experiencia que me cambie la vida
  • Quiero aprender en el proceso
  • Quiero vivir un estilo de vida, por un corto periodo de tiempo, que no me corresponde

Cosas que quiero lograr a lo largo de este voluntariado:

  • Aprender otro idioma
  • Conocer gente que me inspire
  • Conocer gente que me haga recordar lo que es verdaderamente importante en la vida

Cosas que tengo que hacer para salir de aquí con vida:

  • Llegar a mi campamento en la favela
  • Hacer amigos lo antes posible
  • Conseguir que mis estudiantes me respeten
  • Hacer que la diferencia de idioma no sea un problema
  • Descubrir cual va a ser mi comida brasileña favorita
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Ya tenía todos estos pensamientos en papel, así que los malos los saqué de mi cabeza y los buenos los volví a leer para sonreír. Cuando me bajé del avión, me di cuenta que a donde tenía que ir estaba a una hora del aeropuerto y no habían buses a esas horas. Había llegado a la una y no salía ninguno hasta las cinco de la mañana. Pues sí. Esa fue la primera noche que tuve que dormir en las sillas de un aeropuerto abrazado a mi maleta. Me desperté horas más tarde y fue fácil entre tanta señalización agarrar los buses adecuados y llegar a mi destino. No hubo ningún problema, sólo una excelente bienvenida con muchas palabras que no entendí, muchas sonrisas y comida riquísima. Ese mismo día, además, conocí el campamento en el cual me quedaría tres meses y las responsabilidades que tendría.

Era sencillo. Iba a ser profesor de arte y de deportes de las cien familias con más dificultades o mayor riesgo social de toda la favela. Esto se hace para sacar a los niños de la favela y dejarlos en el campamento, donde les dábamos buena educación y buena alimentación. Por otro lado, lo hacía porque estoy totalmente loco. Con el pasar del tiempo, aunque en verdad fue la primera semana, las cosas se empezaron a complicar. Para mi fue un reto demasiado grande saber que tenía que despertarme a las cinco y media de la mañana para montarme en el bus y pasar a buscar a los niños casa por casa. Terminaba de trabajar a las seis de la tarde y debía llevarles a sus casas también. Esto pasaba de lunes a viernes, pero los miércoles teníamos que despertarnos antes para llevarles frutas. Los lunes les llevábamos pan y los viernes, leche.

Es verdad que hubo muchos momentos que me llenaron de felicidad, pero hubo otros que fueron difíciles y me costaron mucho. Es más, hasta recuerdo que tuve que escribirme al lado de la cama: “Andrés, recuerda que este es el estilo de vida que tú decidiste tener por un tiempo. Para la mayoría de personas es permanente”.

Como el viaje duró varios meses y cada día pasaban miles de cosas, voy a resumir tres de las situaciones que siempre recordaré.

  • El estilo de vida de los niños de las favelas
  • El voluntariado y el servicio social en Brasil
  • Los carnavales
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¡Todas estas situaciones me marcaron. Es verdad que hubo otros que me asustaron, pero no los veo como algo negativo, sino como algo que construyó esta experiencia. Podría explicarles la noche que no pude dormir porqué pensé que me iban a matar o la noche que comí algo diferente y aluciné varias horas. Creo que también les interesaría cuando me presentaron al encargado de la favela más importante. Pero creo que los mejores momentos son los que se deben resaltar.

Gracias a los momentos que me asustaron porque fue así como aprendí a manejar mejor las situaciones. Gracias a ellos valoro más los buenos momentos. Al probar lo salado, lo dulce siempre sabe mejor.

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