Improvisando una acampada.. ¿O se dice "campada"?

Screen-Shot-2015-11-29-at-11.17.07-PM.png

Improvisando una acampada Mi inicio en las redes sociales sucedió al mismo tiempo en el que me interesaron los deportes extremos y la adrenalina. Eso me hizo mezclar en dosis iguales el hablar con gente que no conozco a través de las redes sociales y el inventar locuras para salir de mi zona de confort. A raíz de esto, quería probar varias cosas o más bien jugar con lo que estaba pasando en ese momento en mi vida. Y así pasó. Tenía un fin de semana libre y bastantes seguidores en redes sociales que opinaban constantemente de lo que estaba haciendo o dejaba de hacer. Un día me di cuenta que muchas personas me escribían asombrados por las locuras que yo hacía y querían formar parte de alguno de mis viajes. Al día siguiente, se me ocurrió poner en las redes sociales: “me voy a acampar este fin de semana, que se sume cualquiera”.

Screen Shot 2015-11-29 at 11.45.03 PM
Screen Shot 2015-11-29 at 11.45.03 PM

Con ese experimento, estaba poniendo en juego muchas cosas. Primero que todo, no sabía si iba a aparecer un asesino en serie o una persona con expectativas totalmente diferentes a lo que en verdad iba a pasar en el viaje. Además, yo no tenía ni idea de si iba a quedarme completamente solo, que también era una posibilidad. Segundo, no sabía si a las personas que me seguían en las redes sociales sólo les gustaba opinar desde la distancia o si verdaderamente querían participar en la vida real. Tercero, quería poner a prueba mis habilidades de acampar porque honestamente no tenía ni idea de donde iba a ir ni si me iba a quedar solo. Porque yo sí había ido a acampar antes, pero siempre había más gente que me ayudaba poniendo la tienda de acampar o encontrar un buen lugar donde pasar la noche.

Me desperté sumamente tarde pero llegué a la terminal de bus, donde conocí a la primera persona que se iba a sumar a este viaje. Ella se llama Paloma y sólo duró dos horas en toda esta experiencia. Los dos nos montamos al bus que nos iba a llevar a la playa más cercana que en ese momento era Gorgona. Entonces, en el bus nos empezamos a conocer. Fue excelente y ahí me di cuenta que este tipo de improvisaciones valen la pena hasta que me dijo la verdad. A ella le había llamado mucho la atención la idea de ir a acampar con gente que no conocía, pero a sus papas no. Así que, en verdad, se había escapado de la casa para salir del sofá. Obviamente en menos de un par de horas los papas ya se habían dado cuenta y la pasaron a buscar antes de que armáramos la tienda de acampar.

Empezó el primer reto: armar una tienda de acampar solo. Y conforme el reto crecía, las dudas también. ¿Será que vendrá más gente? ¿Será que no la gente cree que puede venir? ¿Será que me van a atacar los cangrejos asesinos en mitad de la noche? ¿Será que alguna sirena se va a meter en la tienda a eso del amanecer? Y así las dudas se fueron acumulando… Pasaron entre cuatro y seis horas en donde tomé siestas y sudor por partes iguales porque el sol no paraba hasta que, por fin, me escribieron algunos locos aventureros que querían venir. Llegó una banda de más o menos nueve personas y otra un poco más pequeña. Un grupo era el de Margaret Luna y el otro, el de Charlie.

Éramos un grupo de trece personas que no nos conocíamos entre nosotros, sin embargo, teníamos el mismo espíritu aventurero que nos unía. Y además, una fogata. Ninguna noche puede fracasar si hay una buena fogata. De rato en rato recuerdo ese fin de semana como una bonita memoria que me recuerda que ante las dudas, la rutina y la costumbre, un poco de improvisación, conversaciones primerizas y una fogata pueden resolver cualquier momento en la vida.

Screen Shot 2015-11-29 at 11.17.07 PM
Screen Shot 2015-11-29 at 11.17.07 PM

Esa noche aprendí muchas cosas. Por un lado, me di cuenta de que todos somos súper diferentes, aunque algunos aspectos nos unan. Por otro, me gustó ver como todos al final del día lo que verdaderamente queremos es divertirnos y pasarla bien sin ningún tipo de prejuicios ni frenos. La noche nos iba ganando y mientras algunos se dormían, otros hacíamos trampa y nos refrescábamos con el mar a media noche o filosofábamos enfrente de la fogata. Lo que fuera necesario para no dormir. No recuerdo muy bien como fue que terminamos en la carpa, pero si recuerdo lo importante. De tres tiendas de acampar que habíamos llevado, todos dormimos en una. Y no voy a entrar en detalles de cómo fue mi noche tan apretado entre tantas personas, pero al mismo tiempo con una sonrisa tan grande. Me había dado cuenta de que uno no tiene que dormir abrazado para sentirse acompañado y que no tienes que conocer a otra persona para sentirte cómodo con los que tienes al lado.

[embed]https://www.youtube.com/watch?v=zYzqhfHTi2M[/embed]

Gracias a esos locos que se atrevieron a compartir esta luna conmigo. Y gracias a todos los que no se sumaron, pero sé que en algún momento improvisarán conmigo.