Nunca he visto un lugar más limpio que Japón. ¡Comida japonesa!

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Los que me conocen saben que mi cuarto jamás estuvo así de ordenado (es para que tengan una idea). Y para los que no me conocen, simplemente imagínense el lugar más limpio que han visto en toda su vida, límpienlo un poquito más, agréguenle luces y otro idioma y se va a parecer a Tokio. Me llamó mucho la atención el haber coincidido con la fecha de cherry blossom. Esta fecha sucede sólo una o dos veces al año y es cuando de los árboles de cerezo empiezan a llover flores rosadas, empieza a llover algodón de azúcar. O como lo ven los mortales, el cerezo florece. Pero vamos a dejarnos de paisajes y lo clásico que Japón nos ofrece. Vámonos a lo de verdad. Vámonos al motivo por el cual vinimos a Japón. Vamos a probar comida de verdad. Japón para mi es el país donde los tés se vuelven sólidos y las gomitas en vez de ser dulces o ácidas saben a mariscos. Además, la Coca-Cola aquí la reemplacé por gaseosa de leche y en vez de comer papitas fritas, me daban noddles como snack.

Yo llegué a Tokio por Yokohama, lo que significa que me monté en un bus y luego de un par de horas ya estaba en el centro de la ciudad. Lo bonito de los viajes en bus, y es por eso que viajar solo o nada más con mi hermana que es mi caso es más divertido, es porque logras conocer a mucha gente. Había una traductora que dominaba más o menos bien el inglés, pero de español no tenía ni idea. Así que a lo largo del trayecto, la traductora le hablaba en inglés a mi hermana para que de lo que entendiera, lo explicara en español. Y así, los brasileños del fondo del grupo lo tradujeran al portugués. Eso significa que cuando la guía turística nos explicaba algo, al fondo del bus llegaba ya traducido tres veces. Probablemente ellos entendieron un viaje totalmente diferente.

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Hubo muchas cosas que me fascinaron de Japón. Por ejemplo, el contraste de comidas. Recuerdo haber probado cosas muy ricas y otras que hasta el sol de hoy no estoy muy seguro de porque probé. Y aunque le recomendaría a todo el mundo conocer este país y más si es en la época donde los cerezos florecen, no le recomendaría a todo el mundo probar lo que probé.

Aquí hago una lista más, de las muchas listas que hago en mi vida, pero esta es de comida:

  • Cuando el té se vuelve sólido: aquí se acostumbra a tomar bastante té, como en todo Asia. Sin embargo, aquí le ganó un detalle: que son burbujas. Lo loco o lo inusual de estas burbujas es que son sólidas y negras, la mayoría de las veces. Algunas personas me dijeron que era tapioca y claro que tienen razón porque prefiero pensar eso a cualquiera que otra de las posibilidades. Aunque estar tomando té y de repente chocarte con algo viscoso no sea lo más cómodo del mundo, si tengo que aceptar que el té de burbujas es riquísimo y se lo recomiendo a cualquier viajero.
  • Gomitas de ositos no, aquí son camarones: En China disecaban los alimentos para poder llevarlos de la costa al centro de China sin que se dañaran. En Japón, no tengo ni idea de porque lo disecan, pero todos los mariscos se transforman en gomitas. Este plano no lo recomiendo. Es un snack, pero yo prefiero quedarme con hambre. Digo hay que aceptarlo, la textura chiclosa no es de las más fáciles para mantener en la boca y mucho menos si sabe a mar, río o tortuga. Creo que ese fue el mayor reto, el haber probado varias de estas gomitas y haberme dado cuenta de que no son un postre y que no tenía ni idea de que estaba comiendo.
  • Para bajar todo lo que probé, necesitaba tomar algo sin sólidos incluidos. Y no sólo me llamó la atención que esta gaseosa fuera de leche, sino que también me di cuenta que es una de las bebidas más antiguas de Japón. Algo que para mi era totalmente nuevo, para mi era todo lo contrario. En verdad no sabe nada diferente, en verdad es una gaseosa suave que se deja tomar y creo que entre todas las locuras está fue la menos controversial.
  • Aquí no hay papitas, hay noddles. Me gustó mucho abrir esta bolsa y notar que al igual que las papitas, la mitad estaba llena de aire. La otra mitad tenía sabores sorpresa. Era un poco enredado porque los noddles se rompían y eran demasiados, pero en verdad sabían riquísimo. Terminé súper lleno y no me pude acabar ni la mitad de la bolsa, pero me encantó la creatividad de la gente en Asia que comen tantos noddles en todas las comidas que hasta encuentran formas diferentes para comerlo entre horas. Tengo que aceptar que este snack lo agarré porque en el supermercado mientras estaba haciendo fila, enfrente mía había un niño llorándole a la mama para que le comprara estos noddles. Si la mama le hizo caso, yo también tenía que comprarlo.

Sólo mencioné cuatro de los tantas combinaciones diferentes. Aquí se puede comer de todo y, aunque en general me encantó lo que probé (menos las gomitas), siento que tengo la necesidad de regresar. También aprendí que los caracteres (letritas o símbolos) japoneses son derivaciones de los caracteres chinos. Eso significa que leyendo puedes entender ambos idiomas, pero hablando es totalmente diferente. Pero ese es otro tema que ya escribiré en otro momento. Y aquí les dejo este vídeo para los que no leyeron o quieren volver a ver.

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Gracias Japón porque tus trenes decorados con pokémones y tus edificios decorados con animé me hicieron recordar que eso que tanta diversión me dio de pequeño, me podía sacar sonrisas todavía hoy. Gracias sushi, eres fucking delicioso.